APANOAYAN

Alan VictoriaLara

La muerte, el duelo y los vínculos que persisten más allá del cuerpo
son el corazón de APANOAYAN, una puesta en escena producida por
Alan Victoria Lara, gestor y productor dedicado a “la gestión y
producción de artes escénicas, así como a la organización de
eventos culturales”.
La obra aborda la primera entrada al Mictlán tras la muerte de un
hombre y la forma en que su hija enfrenta el duelo. “En breves
palabras eso es”, resume Alan, aunque la profundidad del proyecto
va mucho más allá.

De la obra nació durante una clase con la maestra Mabel Oscura, donde Alan creó un ritual-performance que inauguró el festival :

“Cuando me invitan a hacer la producción se planteó la idea de generar una puesta más concreta y duradera”, cuenta.
Fue ahí donde se formó la narrativa central de un personaje muerto y uno vivo, “que narren un poco el tránsito de la muerte desde una visión mexicana”.

Uno de los objetivos del productor era “facilitar la conexión emocional entre jóvenes y adultos con las mitologías de las culturas originarias”, creando una
obra atractiva y flexible para espacios públicos.
También buscaba “tener un dispositivo escénico con
una plasticidad única y acorde a la temporada”,
reforzando la identidad visual que caracteriza su
trabajo.

Sin embargo, el proceso fue desafiante. “El mayor reto fue el tiempo que teníamos para montar la puesta”, comparte Alan.
Las primeras reuniones comenzaron en agosto, pero la producción real arrancó solo un mes antes del estreno. Coordinar
los tiempos de 20 personas resultó en apenas diez horas netas de ensayo:
“Parecía que nunca llegaríamos a buen puerto, sin embargo el trabajo y la constancia hicieron que las dudas se silenciaran y el éxito estuvo en el reconocimiento de los que nos fueron a ver”.

La adaptación a espacios no convencionales fue otro desafío. “Muchas cosas se resolvieron en el momento”, recuerda, subrayando la naturaleza viva y cambiante del proyecto.
Aun así, cada función dejaba un momento especialmente significativo: el final.
“La celebración de la muerte con cantos y bailes, el aplauso de la gente… es una vibración que me llegaba al alma cada fin de función.”

En cuanto al proceso creativo, Alan destaca que lo que más disfrutó fue ver la reacción del público: “Ver a la gente impresionada, entretenida o emocionada por lo que veían en escena”.
También describe el trabajo con el elenco: “Durante la temporada fue como domar a una jauría, creo que nunca había sido productor para tantos actores”. En
los ensayos, buscó “integrar discursos emocionales y contemporáneos para hacer un producto nuevo”

APANOAYAN

El público respondió con entusiasmo. “Hubo muy buenas opiniones y felicitaciones de turistas, profesores, niños”, comenta, sorprendido por la sensibilidad de espectadores tan distintos. Lo que más resonaba era “la capacidad de la puesta de hacerte vivir
la cosa más triste y celebrarla con alegría al mismo tiempo”.

APANOAYAN marcó un antes y un después en la trayectoria de Alan: “Creo que con esta puesta se reflejan años de estudio de aprender a llevar a un grupo con liderazgo, tener disciplina y saber tener un camino directo”. También reconoce que la obra es un
reflejo de su evolución artística:

“Es un resultado de mi empeño en el impacto plástico y visual, aspecto que he procurado trabajar a lo largo de mi carrera”.

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