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Grabar la memoria: cuando el arte nace del origen
Antes de pensar en el arte como un camino profesional, Yamilet Olguín ya estaba dentro de él, aunque desde otro lugar. No empezó dibujando en un estudio ni buscando una técnica específica. Empezó bailando.Durante años formó parte de un grupo de danza folclórica, y fue ahí donde tuvo una de las experiencias que terminaría cambiando todo: una gira por Europa.
No fue un solo momento, sino la acumulación de muchos. Museos, ciudades, otras formas de ver el arte. Algo se movió.En ese proceso, decidió dejar arquitectura y cambiarse al Instituto de Artes.Originaria de Nicolás Flores, un municipio marcado por una fuerte herencia cultural, como ella misma lo menciona en la entrevista, Yamilet no tuvo que buscar muy lejos para encontrar el tema de su obra. Ya lo tenía. Lo había vivido desde siempre.
Su proyecto, Dangojaini , “fiesta grande de mi pueblo” parte de algo muy concreto:la ausencia de registro visual sobre una de las celebraciones más importantes de su comunidad . No había archivo artístico. No había una narrativa visual construida desde dentro.Y ahí aparece el grabado.No como una elección casual, sino como una decisión técnica y simbólica. Una técnica lenta, exigente, que implica procesos largos, incluso a veces semanas, y que, al mismo tiempo, tiene algo que la hace coherente con lo que busca:permanencia.
Porque lo que está haciendo no es solo representar una festividad. Está construyendo memoria.En sus piezas aparece todo lo que rodea la tradición: la fiesta, lo social, lo cotidiano, lo que se repite año con año y que, sin registro, se queda únicamente en la experiencia de quienes lo viven.
Su trabajo también está atravesado por algo que no siempre se dice, pero se siente: la distancia. Literal. Horas de traslado entre su comunidad y Pachuca.Cambiar de contexto constantemente. Estar entre dos realidades.
Pero lejos de romper ese vínculo, lo refuerza.Además del grabado, su práctica se expande; mural, música huasteca, danza. No como disciplinas separadas, sino como partes de un mismo lenguaje. Todo conecta con lo mismo: el origen.Hoy, su obra ya ocupa espacios como la Casa de Cultura de Pachuca, pero lo importante no es solo dónde se expone, sino lo que está generando: una forma de ver su comunidad desde dentro, con sus propios códigos.Porque en un contexto donde muchas tradiciones no se documentan, su trabajo empieza a llenar ese vacío.Y eso cambia el lugar del arte. Deja de ser solo expresión y se convierte en registro.Si quieres conocer cómo construye este proyecto y de dónde nace su relación con el arte, puedes ver el episodio completo de Ecos de ser .





